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Soy Lía Berenise, y mi historia empezó entre yuyos, cables, cintas VHS y frascos reciclados. Mucho antes de entender qué era la alquimia, ya intentaba capturar aromas, guardar hojas secas en libros y transformar cualquier rincón en un pequeño laboratorio herbal.

Nací en Lanús Oeste, ciudad y ghetto, como canta Babasónicos. Y aunque crecí entre cemento, colectivos y televisores viejos, siempre sentí que las plantas hablaban un idioma aparte. Me atraían las que crecían solas: las que aparecían entre grietas, al borde de las vías, en patios olvidados o veredas rotas. Siempre elegí las hierbas con olor fuerte, las resinosas, las amargas, las que dejaban una sensación rara en el cuerpo, como si escondieran un mensaje.

Antes de las redes sociales ya hacía experimentos mezclando imagen, sonido y plantas. Conectaba walkmans a televisores, editaba videos en computadoras que se colgaban cada diez minutos y filmaba cualquier cosa que me pareciera mágica. Pero con el tiempo entendí que mi verdadero lenguaje estaba en los botánicos.

En 2007 me fui de la ciudad y abrí un blog desde Escobar para escribir sobre cactus, aromas y preparados caseros. No lo leía casi nadie, pero seguí igual. Porque para mí las plantas nunca fueron una moda: fueron una forma de observar el mundo.

Con los años, esa búsqueda se convirtió en La Pitonisa. Un espacio donde se cruzan la herbolaria, la astroherbolaria, la alquimia vegetal y la comunicación audiovisual. Donde un sahumo puede contar una historia, un macerado puede convertirse en símbolo, y una loción herbal puede funcionar como memoria aromática.

Trabajo con botánica tradicional, preparados artesanales, simbolismo planetario y antiguos saberes herbales, pero desde una mirada contemporánea, práctica y multimedia. Me interesa traducir conocimientos complejos en experiencias reales: enseñar a extraer aromas, comprender las propiedades de una planta, relacionar ciclos lunares con botánicos o recuperar el valor cultural de los yuyos cotidianos.

Creo contenido, talleres y materiales educativos porque sigo pensando lo mismo que cuando era chica: que hay algo profundamente mágico en transformar hojas, flores, resinas y raíces con las propias manos.

Bienvenidos a este cruce entre herbolaria, alquimia y cosmos.